Alumnos de I y II medio reciben formación musical relacionada a la edad media y el renacimiento en el electivo de música antigua, una oportunidad que ofrece nuestro colegio desde hace 9 años.
Un viaje en el tiempo es lo que logró la presentación del taller de Música Antigua que se realiza en nuestro colegio para los niveles de I y II medio y que presentó un concierto para la comunidad durante el mes de diciembre. Uno de los pocos espacios para desarrollar esta música a nivel nacional, que fue iniciado hace 9 años por el profesor Gastón Recart y que desde hace dos años es dirigido por el profesor Pablo Recart, quien tomó la posta y siguió con el legado de su padre.
«Lo más valioso de este taller es atreverse a vivir en la piel de gente que estuvo en una época de la humanidad totalmente distinta, tratar de ponerse en el papel y empatizar con un músico del año 1400, donde la vida y la música eran un poco más sencillas, pero con una profundidad muy distinta. Hay una búsqueda de luz y libertad, así también del conocimiento, y el caos. Algo que es súper interesante de esa época en la que choca lo medieval con el renacimiento y la música que los jóvenes eligen estudiar por uno o dos años transmite un poco esa mezcla», indicó el profesor Pablo Recart.
Cerca de 40 alumnos de los 4 cursos que componen estos niveles interpretaron el repertorio utilizando diferentes instrumentos. Algunos antiguos y más parecidos a los que sonaban en la época, como la trompa marina (o mariana) que es un instrumento que se ocupaba antiguamente en las embarcaciones para acompañar el canto en alta mar; el dulcimer, una pieza creada por el profesor Gastón Recart con un reconocido luthier en el que mezclaron un modelo ruso con tintes del renacimiento y la viela (un antepasado de la viola actual). Instrumentos antiguos, la mayoría fabricados en Chile, muy delicados, pero que dan un sonido hermoso y muy particular, propio de la época. Estos se mezclan son instrumentos modernos, pero que tienen un carácter medieval como la familias de la flauta dulce, en donde a través de flautas soprano, contralto y tenor se logra un sonido medieval, junto con tiple (una especie de guitarra andina) que tiene un sonido que transmite la dulzura de la época.
«Es muy representativo hablar del I medio, ya que son los que optan por este taller cuando pasan octavo básico. Los alumnos en marzo no tenían conocimiento de esta música, fue un proceso muy lindo, porque uno empieza desde cero en la dinámica de hacer conjunto, de tocar todos juntos. En un inicio yo veía niños muy emocionados por tocar, pero con muchas faltas técnicas, ya a fin de año se nota, en todos los casos, que tratan de hacer cada nota mejor que la anterior. En todos los instrumentos, melodías y alumnos hubo una mejoría durante el año, esta música conmueve y cautiva, pusimos el énfasis en escuchar y cuidar el sonido y el avance es notorio», aseguró el profesor.
Durante la velada los jóvenes interpretaron en su mayoría danzas de la Europa Medieval, que se ocupaban en eventos sociales del pueblo, pero también en los castillos y en la corte. Se interpretaron cantigas que son canciones cortas, pero con una melodía que tiene el carácter de la época, escalas y combinaciones muy propios de esta estética . Son melodías sencillas, en las que cada instrumento va aportando al sonido y a la construcción de la pieza. También interpretaron algunas melodías que provienen de la tradición celta y son asociados a poemas irlandeses.
«Cuando escuchamos a los alumnos en concierto es muy bonito, la gente nos comenta que viajó en el tiempo o que es música que los relaja y eso es muy gratificante y significativo. Como profesor hay una necesidad de ser un poco purista y exigente, no se puede hacer música antigua si no tienes paciencia, si no sabes cómo suenan los instrumentos entre sí. Eso que pasa en el público, en la recepción de estos adolescentes que llevan solo un año en el taller es muy emocionante y muy gratificante; es música de hace 500 o 600 años, es un lujo tocar música que casi nadie conoce en la actualidad, la seriedad y la búsqueda de una “perfección imperfecta” que demuestran los jóvenes es un logro tremendo».
Estos últimos dos años el taller se ha convertido en un grupo numeroso de alumnos que se interesan y quieren aprender este estilo de música. Aunque en lo tradicional estos grupos estarían compuestos por 6 o 7 músicos, en el colegio han logrado adaptar los instrumentos y el repertorio para grupos de aproximadamente 20 alumnos en algunos casos, no es lo ideal pero demuestra el interés genuino en pasar por esta experiencia.
«Creo que lo más difícil de este año fueron las pausas, ya que esto hace difícil la estética de la presentación, había que retomar a veces después de dos semanas y eso es súper complejo. El cómo tocar o interpretar esas frases musicales para que se entienda el tono de cada pieza, eso fue lo más complejo de trabajar, más que lo técnico de aprender cómo suena la partitura. Las pausas entre los ensayos hace que pierdan la sensación de cómo suena, cómo se mezclan los sonidos y los acompañamientos que son primordiales para que este tipo de música suene bien.
Un taller de música antigua, en el que no solo se trabaja el área musical: «Este taller es una especie de intensivo, hay que leer partituras, estar súper atentos, necesitamos escuchar, entender el silencio y el pulso común, es una música que nos permite en cada clase escucharnos a nosotros mismos y al entorno, eso es súper importante hoy y es un desafío personal para cada integrante del taller; no es solo una canción, es una experiencia que yo les invito a vivir».